El próximo episodio será más interesante.
Suponiendo que he contado todas las veces en que me he preguntado: “¿hay pan o no?” o “¿habré dejado el calefont encendido?”, o “¿por qué no lo abracé?” supondría bastantes.
Y sin mayor pretención, diría que el número ha reducido en forma considerable sin atroz esfuerzo, porque teniendo como motivación principal el miedo que genera el formar en un futuro parte del grupo de personas que se repiten las interrogantes del principio en todas sus variables y con cualquiera que sea el ejemplo en cuestión, pienso que es más que suficiente.